
Noticas Argentinas difundió que expertos internacionales advirtieron que, incluso si finaliza el conflicto con Irán, los precios mundiales del petróleo podrían no regresar a los niveles previos a la guerra.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a escalar la tensión al amenazar con destruir Irán en una sola noche si no se alcanza un acuerdo antes del plazo fijado para la reapertura del estrecho de Ormuz.
En este contexto, analistas coinciden en que, aun si Teherán accede a un acuerdo, la recuperación total de la infraestructura energética dañada demandará tiempo.
Algunas estimaciones sitúan ese proceso entre tres y cinco años.
Más de 40 activos energéticos en la región sufrieron daños graves o muy graves, lo que podría generar demoras prolongadas en la normalización del suministro global, según datos de la Agencia Internacional de Energía.
A esto se suma la congestión logística: aun con los puertos y terminales operando a plena capacidad, llevará tiempo eliminar los retrasos en la descarga de petróleo, gas y otras mercancías transportadas por buques.
El director general de la Asociación Noruega de Armadores contra los Riesgos Mutuos de Guerra, Svein Ringbakken, señaló que la situación se vuelve aún más compleja por los daños en la infraestructura energética y de transporte en todo Oriente Medio.
Si las hostilidades persisten y el estrecho de Ormuz continúa afectado, el mercado petrolero podría entrar en una fase de fragilidad estructural. Incluso una interrupción prolongada del transporte marítimo podría provocar cambios de largo plazo en el sector y presionar al alza los precios de la energía, según reportes de la BBC.
En esa línea, el economista Dean Baker estimó que, aun con el fin inmediato de la guerra, la normalización total de las instalaciones de producción y transporte podría demorar al menos un año.
Otros especialistas coinciden en que los precios del petróleo se mantendrán elevados. Gary Hufbauer, del Instituto Peterson de Economía Internacional, proyectó que el barril difícilmente vuelva a niveles cercanos a los 60 dólares hasta varios meses después del fin del conflicto, en un contexto donde el crudo Brent se mantiene por encima de los 100 dólares.
En paralelo, Irán comenzó a cobrar tarifas a los petroleros que atraviesan el estrecho de Ormuz, en algunos casos de hasta 2 millones de dólares por buque, y avanzó en la aprobación de una ley para formalizar estos peajes como parte de una estrategia para reafirmar su soberanía sobre esa vía marítima clave.
Desde Washington, Trump sostuvo que Estados Unidos debería ser quien cobre esos peajes y remarcó que la reapertura del estrecho debe formar parte de cualquier acuerdo de paz.
Sin embargo, analistas consideran poco probable una reapertura inmediata. Incluso, la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que el estrecho de Ormuz ha entrado en una nueva etapa y no volverá a su estado anterior, especialmente en relación con Estados Unidos e Israel.
Los especialistas también advierten que la interrupción del tránsito marítimo podría perjudicar a la propia economía iraní, por lo que el gobierno de Teherán deberá equilibrar los costos económicos con sus objetivos estratégicos en materia de seguridad.
En ese marco, fuentes cercanas al gobierno iraní indicaron que se abrirá un debate interno sobre cuánto costo económico está dispuesto a asumir el país a cambio de mayor influencia geopolítica.
Mientras tanto, Irán advirtió que responderá de manera más severa si Estados Unidos concreta ataques sobre infraestructura clave, lo que mantiene elevado el nivel de incertidumbre en los mercados energéticos globales.